Embadurnados de los pies a la cabeza bailaron sin parar durante horas, compartieron alegrías y salpicones con los demás. Rock, reggae y barro se complementaron en la primera y accidentada primera jornada del festival Rock del Valle. Las carpas con juegos, promociones de empresas o campañas de concientización de organismos públicos pasaron casi inadvertidas ante el apuro de las bandas por tocar y del público por no perderse nada de lo que ocurría sobre los dos escenarios.
Las Pelotas brindó un tenso show de 55 minutos (estaba previsto que tocara una hora y cuarto). Empezó a las 3.45, y todo hacía prever que a las 4 le cortarían el sonido, en cumplimiento de la Ley Provincial 7.750. Pero no. La banda siguió hasta las 4.40, hasta que el sonidista bajó el switch master. Fue cuando Germán Daffunchio anunció que le dedicarían a su fallecido compañero Alejandro Sokol el tema "Sin hilo".
Ya le habían dedicado "Pasajeros" a Gustavo "Tavo" Kupinski, el ex violero de Los Piojos y compañero de ruta de Las Pelotas que murió el 4 de enero en un accidente automovilístico. El recital de la banda contó con algunos temas clásicos, pero se centró en "Basta" y "Despierta", sus dos últimos discos.
Antes de subir al escenario Germán se mostró molesto con los organizadores a causa del corrimiento horario, y en especial con la ley del tope horario. "Tucumán, hacete cargo", dijo antes de enfilar hacia las escaleras.
En ese momento la lluvia decidió terminar con la tregua que había concedido desde pasado el mediodía. Un fuerte aguacero terminó de empapar a quienes había zafado hasta entonces. La banda tocó, la gente bailó y saltó sobre el seguramente irrecuperable campo de juego del club Argentinos del Norte.
El chapoteo había sido inevitable desde el principio de la fiesta, que empezó con dos horas de retraso. La tormenta que el viernes a la mañana azotó a la capital tucumana impidió terminar de montar los equipos, por lo que las pruebas de sonido se retrasaron, y con ello todo el festival.
Excepto Zetney (Corrientes), tocaron todas las bandas previstas, aunque en sets reducidos. Todos los músicos fueron comprensivos con la situación y estuvieron de acuerdo con abreviar sus shows.
¿Podrían haberse tomado recaudos? ¿Tener listo un club techado alternativo por si llovía? ¿Dejar afuera de la grilla a bandas "chicas"? Seguramente sí, aunque aumentar la apuesta en una jugada tan riesgosa como organizar un gran festival de rock en Tucumán hubiera sido tal vez un condicionante definitivo. Los organizadores asumieron el desafío y las pérdidas. No es poco.
Salpicados
La tarima de madera que iba desde el escenario hasta el mangrullo de control para proteger los cables se convirtió en una pasarela. Allí se refugiaron las chicas mejor arregladas y los muchachos más cuidadosos. Pero la limpieza duró hasta que Karamelo Santo irrumpió con su ritmo indecente y aparecieron los chapoteadores profesionales que salpicaron sin discriminar.
La Brizuela Méndez encendió unos minutos antes la alegría, cuando todavía no había demasiada gente, para cederle luego el escenario mayor a Fidel Nadal. El longilíneo rasta hizo su show, se enojó con uno de sus músicos, con el sonidista, interrumpió temas...
Nonpalidece arremetió con su impecable set de bronces y ese reggae roots alegre y movedizo que guía su camino. Estaba previsto que el jamaiquino Kanyatta Hill tuviera su propio show de 40 minutos, con "Nonpa" como banda, pero el apurón obligó a que cantara tres temas dentro del recital de sus amigos argentinos.
Después de tantos años de ausencia, Los Pericos aprovechó el reecuentro con los tucumanos para entregar algunos temas nuevos y sus clásicos de los 80, como "El ritual de la banana", cuando la lluvia iniciaba su tránsito hacia el aguacero.
La cantidad de público no cubrió la expectativas. La lluvia, el precio de la entrada ($ 80 por noche, tal vez mucho dinero, pero dentro del promedio de cualquier festival del tipo en el país) o vaya a saber qué, provocaron la multiplicación de espacios vacíos.
Pocos notaron al salir, pegada sobre una de las hojas del portón, la faja de clausura del Ipla por violación a la ley del tope horario. Pero ya todos habían gritado, cuando Daffunchio no pudo homenajear a su compañero, los típicos cantitos contra el gobernador José Alperovich.